El Valor de lo Imposible: Despertando la Audacia Divina
Hoy, el Señor le dice: "Sal de tu arca". Noé no se quedó dentro del arca viendo el agua bajar; él salió a tierra nueva. Usted ha estado demasiado tiempo encerrado en su zona de confort. ¿Qué va a hacer esta semana que requiera de usted fe, no solo lógica? Que la gente pueda decir de usted: "Esta persona tiene denuedo, porque ha estado con Jesús". No espere a sentirse listo. La audacia no es la ausencia de miedo; es la decisión de actuar a pesar de él, confiado en que Aquel que prometió es fiel
Notas y bosquejo
El pecado de la comodidad
Hermanos y hermanas, déjenme decirles una verdad incómoda: El mayor enemigo de su destino no es el fracaso, ni la oposición, ni siquiera el pecado evidente. El mayor enemigo de su llamado es la mediocridad cómoda. Vivimos en una era donde el miedo nos ha paralizado. Le tenemos miedo al qué dirán, le tenemos miedo a equivocarnos, le tenemos miedo a dar el paso porque no vemos el suelo firme.
Pero hoy, la voz del Espíritu Santo nos grita: ¡Despierta, oh tú que duermes! Porque Dios no te llamó para que sobrevivas, te llamó para que conquistes.
1. ¿Qué NO es la audacia?
Primero, tenemos que romper un mito. Ser audaz no es ser arrogante. No es tener una actitud altanera ni ir por la vida pisando cabezas. La audacia del mundo es ruidosa y egoísta; la audacia de Dios es obediencia sobrenatural.
La audacia bíblica (en griego, parrhesia) significa "libertad para hablar" y "confianza total". Es la seguridad de que, aunque usted no tenga los títulos, ni el dinero, ni la experiencia, el Dios del universo respalda su palabra y su paso.
2. La Audacia nace de la intimidad (El secreto de Pedro)
Miren el texto de Hechos. Pedro y Juan eran "sin letras e indoctos". Eran pescadores, no teólogos. Sin embargo, el sanedrín, los grandes eruditos, se maravillaban. ¿Qué vieron? No vieron un curso de liderazgo; vieron el brillo de Jesús en sus rostros.
La clave para ser audaz está en el versículo final: "Habían estado con Jesús". Usted no puede ser audaz en el mercado si no ha sido íntimo en el aposento alto. La audacia viene cuando usted deja de mirar el tamaño del gigante y empieza a mirar el tamaño de su Dios en la adoración. Cuando usted sabe quién va con usted, la voz del miedo se apaga.
3. Pasos prácticos para activar la audacia hoy:
¿Cómo podemos ser más audaces a partir de este mismo día?
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Primero: Hable a sus montañas, no de sus montañas (Marcos 11:23). El audaz no le cuenta a todo el mundo lo grande que es su problema; el audaz le grita al problema lo grande que es su Dios. Cambie su vocabulario. Deje de decir "no puedo" y empiece a declarar "todo lo puedo en Cristo que me fortalece". La audacia se activa con la lengua.
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Segundo: Meta los pies en el Jordán (Josué 3:15-16). Dios no mueve el agua mientras usted está en la orilla analizando. La audacia es un paso de fe. La separación del agua no ocurrió hasta que los sacerdotes mojaron sus sandalias. Si usted quiere ver el milagro, tiene que mojarse. Tiene que hacer esa llamada telefónica que le da miedo, tiene que emprender ese proyecto, tiene que perdonar a quien no merece, tiene que predicar aunque le tiemblen las piernas. ¡Pise el agua!
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Tercero: No tema al fracaso, tema al arrepentimiento. El siervo temeroso enterró su talento (Mateo 25). ¿Y qué pasó? No fue castigado por haber perdido dinero, fue castigado por no haber hecho nada. El riesgo más grande no es caerse; el riesgo más grande es quedarse en el suelo. El audaz sabe que si cae, 7 veces cae, pero 8 veces se levanta (Proverbios 24:16).
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Cuarto: Recuerde sus victorias pasadas. David no llegó a Goliat sin entrenamiento. Él recordó al león y al oso. ¿Qué ha hecho Dios ya en su vida? ¿Cómo le sanó? ¿Cómo le abrió puertas? Ese memorial es su combustible para la siguiente batalla. Su historia con Dios es su garantía para el futuro.
4. El Espíritu de Audacia
Escúcheme bien: 2 Timoteo 1:7 dice que Dios no nos ha dado espíritu de cobardía (temor), sino de poder, amor y dominio propio. El miedo no viene de Dios; viene del enemigo para robarle la herencia.
Jesús fue el hombre más audaz que pisó la tierra. Tuvo la audacia de sanar en sábado, de tocar al leproso, de hablar con la samaritana y, sobre todo, de caminar hacia la cruz con la cara como un pedernal. Esa misma audacia que resucitó a Cristo, vive en usted si usted es creyente.